P. Mi esposo y yo tenemos tres hijos de 3, 6 y 11 años. Mi pregunta es: ¿Debería cambiar la disciplina según la edad del niño? Y si es así, ¿de qué manera?
R. Antiguamente, los niños de todas las edades solían recibir el mismo tipo de disciplina: una paliza. Cuando yo tenía 4 años, descubrí el cajón donde mi papá guardaba las barras de chocolate y les di un mordisco a cada una. ¿En qué estaba pensando? Quizás creí que no notaría que a cada barra le faltaba un mordisco. El caso es que recibí una paliza.
Aunque algunos padres todavía recurren a los golpes u otras formas de castigo físico, muchos otros emplean métodos disciplinarios diseñados para guiar y enseñar a sus hijos sin recurrir a castigos físicos.
Este mes conversé con muchos padres en diversos lugares, como en filas de espera, oficinas y supermercados, para saber cómo disciplinan a sus hijos. Algunos padres con los que hablé aplican consecuencias naturales y lógicas y hablan con sus hijos sobre las emociones y las formas adecuadas de gestionarlas. Estas conversaciones suelen centrarse en ayudar a los niños a identificar sus sentimientos, como el enojo o los celos. Los padres pueden explicarles que está bien sentir enojo o celos, pero que no está bien actuar dejándose llevar por esas emociones de manera que pueda hacerles daño a los demás. También se puede hablar de formas aceptables de reaccionar ante emociones intensas.
Una consecuencia natural es aquella que ocurre por sí sola como resultado de una conducta. Por ejemplo, si un niño se echa el perfume de su madre en la cabeza, una consecuencia natural es experimentar el fuerte olor del perfume.
Las consecuencias lógicas son establecidas por los padres y están estrechamente relacionadas con la conducta del niño. Si un niño lanza un juguete o pelea con otro por él, se le puede retirar temporalmente el juguete. Este enfoque, basado en consecuencias naturales y lógicas, puede adaptarse a niños de diferentes edades.
Personalmente, me gustan las consecuencias naturales y lógicas como método para disciplinar a niños de cualquier edad. Otros métodos de disciplina que pueden ser más específicos según la edad incluyen el “tiempo fuera” y la retirada temporal de pertenencias o de privilegios.
Independientemente de que utilice el mismo tipo de disciplina, como las consecuencias naturales y lógicas, con todos sus hijos o que emplee enfoques distintos según la edad, lo importante es que la disciplina sea una experiencia de aprendizaje.
Después de aplicar una medida disciplinaria, ¿por qué no dedicar unos minutos a reflexionar sobre los resultados? ¿Fue efectiva la disciplina? ¿Entendió el niño qué conducta debía cambiar? Si no fue así, considere probar algo diferente la próxima vez. El objetivo de la disciplina no es simplemente detener una conducta no deseada, sino ayudar a los niños a aprender, crecer, comprender sus emociones y tomar mejores decisiones.
Betty Richardson, PhD, RN, CS, LPC, LMFT, is an Austin-based psychotherapist.












